“Alguien se ha empeñado en hacernos creer que dos y dos son cinco. Pero no lo hacen mal, son convincentes, lo repiten una y otra vez, lo hacen con seguridad, con firmeza. Por la mañana, por la tarde, por la noche, una y otra vez, una y otra vez.
Y de vez en cuando, para reforzar la idea nos dan pruebas para demostrarlo, aunque quien lo hace procura que no sean demasiadas, no interesa. Las pruebas sobre las ideas que se quieren imponer tienen que estar espaciadas en el tiempo, deben ser pocas, pero han de ser directas, rápidas, rotundas. Si siempre se están ofreciendo pruebas sobre lo evidente, el hartazgo nos hará pensar y utilizar la razón, pero eso no interesa por que ambos verbos se conjugan en dirección a la duda.
Si alguien se sale del guión y dice que dos y dos son cuatro, hay un par de métodos para expulsarlo del camino de corrección que han escrito. El primero de ellos es ignorarlo, a lo sumo, sonreir con desprecio, girar la cabeza y hacer que no se ha oído. El segundo método es mas expeditivo, destruir al mensajero, insultarlo, vejarlo, hacer ver al mundo que quien dice tal barbaridad, que dos y dos son cuatro, busca el desorden, aniquilar la convivencia, destruir, enfrentar.
Durante los últimos días nos han recordado que el mundo vive en la inseguridad, que estamos en peligro, que buscan aniquilarlos a consecuencia de un puñado de exageraciones, mentiras, excusas, justificaciones. Nos vuelven a pedir que recortemos nuestras libertades en nombre de la seguridad porque como dos y dos son cinco, es necesario hipotecar nuestra libertad para poderla pagar en cómodos plazos que durarán lo que dure la amenaza, es decir, lo que ellos quieran. Al hipotecar nuestra libertad la ponemos en manos de otros, otros que la utilizarán para hacer la guerra en su nombre, pero cuando la libertad se hipoteca, jamás se recupera. Irak, Afganistan….. ha sido la última excusa para que quienes nos quieren hacer creer que dos y dos son cinco, no importa la cantidad de exageraciones y medias verdades que nos han dicho , para ellos importa el resultado, obligarnos reducir nuestra libertad y hacernos creer que es necesario que sea así. Lo que sorprende, lo que despedaza el alma es que han convencido a medio mundo.
Me llamarán loco pero prefiero la presunta inseguridad en la que dicen que vivimos que perder la libertad.
Queda una esperanza, que el mundo esté lleno de locos, de locos de atar, extraviados del pensamiento único que siguen convencidos de que dos y dos son cuatro.”
martes, 21 de septiembre de 2010
En nombre de Dios….....
El refranero popular rezuma profunda sabiduría: Una buena capa, todo lo tapa. Una buena capa puede tapar los actos más repulsivos.
Cuando el hombre primitivo empezó a pergeñar la idea de un Dios pantocrátor y todopoderoso, pronto descubrió que la Divina Capa de Dios le brindaba impunidad para dar rienda suelta a sus instintos más abyectos.
Cuando las primeras agrupaciones humanas codiciando las riquezas de sus vecinos (agua, caza, mujeres, tierra fértil, etc.), emprendieron agresiones de rapiña, lo hicieron al grito de ¡Luchemos contra ellos, que nuestro Dios es más poderoso que el suyo! En nombre de Dios se perpetraron masacres sin fin.
Las grandes religiones con su cúpula autocrática y burocratizada, azuzó estos sentimientos. Al crédulo se le llamó “creyente” y se impuso la “creencia” por el terror. Muchos pedían a gritos que se les engañara. Eran los buenos “creyentes”, mientras que a los demás se les mandaba a galeras o a la hoguera, todo ello en nombre de Dios. Los organizadores de las “Cruzadas”, bajo histérico grito del Preste Juan, ¡Dios lo quiere!, lanzaron ejércitos de desarrapados contra poblaciones del Próximo Oriente, saqueando y masacrando a su paso.
En Europa, los monarcas absolutistas y despóticos, se arroparon con el manto divino, en nombre de Dios, para “guerras de religión”, en realidad de destrucción, para satisfacer así su megalomanía y sus ansias de riquezas. Los conquistadores españoles de América, expoliaron las riquezas del llamado “Nuevo Mundo”, especialmente el oro y la plata, a “cristazo limpio”, es decir en nombre de Dios, y mientras masacraban a quienes osaban resistir la invasión, enviaban estos expolios a España, no para mejorar la penosa condición de sus súbditos, sino para financiar desastrosas “guerras de religión” en lejanos países.
En las respectivas retaguardias, el nombre de Dios seguía haciendo estragos. El Santo Oficio de la Inquisición perseguía con saña a quienes no aceptaban ser sumisos borregos de los jerarcas religiosos. La sumisión y la negación de la propia personalidad se exigían en nombre de Dios. Términos como Las esclavas del Señor, El Divino Pastor, la oveja descarriada, el Pastor de almas, etc. reflejaban la política de la cúpula religiosa de reducir a sus fieles a la condición de sumisos borregos.
Desde los inicios del Cristianismo, éste consideraba la esclavitud como institución natural. Con la expansión del colonialismo europeo se consideró a África como la gran cantera de esclavos. Piadosos traficantes de esclavos, todos ellos buenos cristianos, que actuaban en nombre de Dios, arrasaron poblados enteros enriqueciéndose con el tráfico esclavista. En las costas del Índico, piadosos creyentes musulmanes, también en nombre de Dios (Allah) realizaban prácticas similares. En Estados Unidos, Cuba, y otros territorios americanos, buenos cristianos explotaban a los esclavos procedentes de Africa. En 1865, el presidente sureño, jefferson davies, afirmaba: Dios ha regalado los negros al hombre blanco, y oponerse a la esclavitud es ofender a Dios, rechazando el obsequio que le ha hecho. Todavía en la década de 1950, una prestigiosa revista islamista, Al Hadi al Islami (editada en Libia antes del régimen de Gadafi), proclamaba solemnemente que La esclavitud es una institución grata a Dios (Allah).
Durante varios siglos, en la terminología de los seguros marítimos, las pérdidas de navíos o daños por ellos sufridos por tempestades, choque con arrecifes, incendios accidentales, etc. se decía eran debidos a Acts of God (Actos de Dios), pues creían que estas desgracias eran obra de Dios. El concepto de Dios como un ser iracundo y vengativo impregna siglos de teología cristiana. El célebre himno Dies Irae (el día de la Ira), se refiere a la ira de Dios, que castiga a sus enemigos, y ha estado presente en oficios religiosos durante siglos hasta recientemente. Quien no está conmigo está en contra de mí , Jesucristo . No vale la neutralidad. Para los cristianos, quien no renuncia a su propia personalidad convirtiéndose en un monigote en manos de quienes se arrogan la representatividad de Dios en este mundo, serán víctimas, más tarde o más temprano, de la ira de Dios.
Por otra parte, este Dios arrogante e iracundo, no quiere mancharse sus divinas manos con sangre inocente. Para ello tiene un perfecto comodín, el Demonio, que le hace el trabajo sucio; en el infierno, tortura eternamente a quienes, en este mundo traidor, no se han resignado al papel de peleles, y han pensado por su cuenta y riesgo.
Todavía, a mediados de la década 1950-60, el sacerdote Monseñor Galindo, en un famoso templo de la calle de Serrano, Madrid, afirmaba categóricamente: Terremoto en Chile: diez mil muertos… ¡es la ira del Señor que nos castiga por no rezar bastante! Es decir, ejerce su ira en este mundo y también en el otro, ¿o no? ¿No será este Dios sino el producto de la desbordada imaginación humana, azuzada convenientemente por sus beneficiarios? De ahí el interés de estos en que la gente no piense… pero Cogito ergo sum , pienso, luego existo, (Descartes) y E pur si muove , Sin embargo, se mueve , (Galileo Galilei).
Cuando el hombre primitivo empezó a pergeñar la idea de un Dios pantocrátor y todopoderoso, pronto descubrió que la Divina Capa de Dios le brindaba impunidad para dar rienda suelta a sus instintos más abyectos.
Cuando las primeras agrupaciones humanas codiciando las riquezas de sus vecinos (agua, caza, mujeres, tierra fértil, etc.), emprendieron agresiones de rapiña, lo hicieron al grito de ¡Luchemos contra ellos, que nuestro Dios es más poderoso que el suyo! En nombre de Dios se perpetraron masacres sin fin.
Las grandes religiones con su cúpula autocrática y burocratizada, azuzó estos sentimientos. Al crédulo se le llamó “creyente” y se impuso la “creencia” por el terror. Muchos pedían a gritos que se les engañara. Eran los buenos “creyentes”, mientras que a los demás se les mandaba a galeras o a la hoguera, todo ello en nombre de Dios. Los organizadores de las “Cruzadas”, bajo histérico grito del Preste Juan, ¡Dios lo quiere!, lanzaron ejércitos de desarrapados contra poblaciones del Próximo Oriente, saqueando y masacrando a su paso.
En Europa, los monarcas absolutistas y despóticos, se arroparon con el manto divino, en nombre de Dios, para “guerras de religión”, en realidad de destrucción, para satisfacer así su megalomanía y sus ansias de riquezas. Los conquistadores españoles de América, expoliaron las riquezas del llamado “Nuevo Mundo”, especialmente el oro y la plata, a “cristazo limpio”, es decir en nombre de Dios, y mientras masacraban a quienes osaban resistir la invasión, enviaban estos expolios a España, no para mejorar la penosa condición de sus súbditos, sino para financiar desastrosas “guerras de religión” en lejanos países.
En las respectivas retaguardias, el nombre de Dios seguía haciendo estragos. El Santo Oficio de la Inquisición perseguía con saña a quienes no aceptaban ser sumisos borregos de los jerarcas religiosos. La sumisión y la negación de la propia personalidad se exigían en nombre de Dios. Términos como Las esclavas del Señor, El Divino Pastor, la oveja descarriada, el Pastor de almas, etc. reflejaban la política de la cúpula religiosa de reducir a sus fieles a la condición de sumisos borregos.
Desde los inicios del Cristianismo, éste consideraba la esclavitud como institución natural. Con la expansión del colonialismo europeo se consideró a África como la gran cantera de esclavos. Piadosos traficantes de esclavos, todos ellos buenos cristianos, que actuaban en nombre de Dios, arrasaron poblados enteros enriqueciéndose con el tráfico esclavista. En las costas del Índico, piadosos creyentes musulmanes, también en nombre de Dios (Allah) realizaban prácticas similares. En Estados Unidos, Cuba, y otros territorios americanos, buenos cristianos explotaban a los esclavos procedentes de Africa. En 1865, el presidente sureño, jefferson davies, afirmaba: Dios ha regalado los negros al hombre blanco, y oponerse a la esclavitud es ofender a Dios, rechazando el obsequio que le ha hecho. Todavía en la década de 1950, una prestigiosa revista islamista, Al Hadi al Islami (editada en Libia antes del régimen de Gadafi), proclamaba solemnemente que La esclavitud es una institución grata a Dios (Allah).
Durante varios siglos, en la terminología de los seguros marítimos, las pérdidas de navíos o daños por ellos sufridos por tempestades, choque con arrecifes, incendios accidentales, etc. se decía eran debidos a Acts of God (Actos de Dios), pues creían que estas desgracias eran obra de Dios. El concepto de Dios como un ser iracundo y vengativo impregna siglos de teología cristiana. El célebre himno Dies Irae (el día de la Ira), se refiere a la ira de Dios, que castiga a sus enemigos, y ha estado presente en oficios religiosos durante siglos hasta recientemente. Quien no está conmigo está en contra de mí , Jesucristo . No vale la neutralidad. Para los cristianos, quien no renuncia a su propia personalidad convirtiéndose en un monigote en manos de quienes se arrogan la representatividad de Dios en este mundo, serán víctimas, más tarde o más temprano, de la ira de Dios.
Por otra parte, este Dios arrogante e iracundo, no quiere mancharse sus divinas manos con sangre inocente. Para ello tiene un perfecto comodín, el Demonio, que le hace el trabajo sucio; en el infierno, tortura eternamente a quienes, en este mundo traidor, no se han resignado al papel de peleles, y han pensado por su cuenta y riesgo.
Todavía, a mediados de la década 1950-60, el sacerdote Monseñor Galindo, en un famoso templo de la calle de Serrano, Madrid, afirmaba categóricamente: Terremoto en Chile: diez mil muertos… ¡es la ira del Señor que nos castiga por no rezar bastante! Es decir, ejerce su ira en este mundo y también en el otro, ¿o no? ¿No será este Dios sino el producto de la desbordada imaginación humana, azuzada convenientemente por sus beneficiarios? De ahí el interés de estos en que la gente no piense… pero Cogito ergo sum , pienso, luego existo, (Descartes) y E pur si muove , Sin embargo, se mueve , (Galileo Galilei).
La IN-diferencia : Apaga y vámonos...
Cuando la reflexión íntima hace posible encontrarnos de frente con nuestras más solventes soledades, es fácil llegar a la conclusión de que demasiados actos de la vida son episodios de un permanente culebrón sobreactuado.
Demasiadas veces la convivencia y sus consecuencias nos convierten en diminutos actores o actrices , hámsters girando sobre una rueda sin fin, enjaulados por relaciones que lo único que aportan es más aceite para que esa rueda nos fuerce, con más agilidad y perversión, a insistir en la permanente fatiga del avance hacia la nada.
La mejor puerta de salida de esa jaula es la indiferencia, esa actitud que toma su mayor fuerza y dignidad cuando brota desde la indignación.
La indiferencia es el "apaga y vámonos" de la convivencia, el amianto que nos protege de los fuegos con los que otros quieren asar y condimentar nuestros sentimientos . Porque el amor y el odio, aunque sea desde extremos bien opuestos, siempre aproximan; porque lo único que definitivamente separa es la indiferencia.
Luchar contra lo que no interesa es una opción muy personal. Pero la lucha muchas veces provoca la contrarréplica, el uno frente al otro: la rueda de las malditas historias interminables.
La indiferencia es envolverse de la suficiente indignación para irse sin ruido, recuentos ni historia. Es el adiós de boca cerrada, aquella en la que, como dice el dicho popular, no entran moscas .
Demasiadas veces la convivencia y sus consecuencias nos convierten en diminutos actores o actrices , hámsters girando sobre una rueda sin fin, enjaulados por relaciones que lo único que aportan es más aceite para que esa rueda nos fuerce, con más agilidad y perversión, a insistir en la permanente fatiga del avance hacia la nada.
La mejor puerta de salida de esa jaula es la indiferencia, esa actitud que toma su mayor fuerza y dignidad cuando brota desde la indignación.
La indiferencia es el "apaga y vámonos" de la convivencia, el amianto que nos protege de los fuegos con los que otros quieren asar y condimentar nuestros sentimientos . Porque el amor y el odio, aunque sea desde extremos bien opuestos, siempre aproximan; porque lo único que definitivamente separa es la indiferencia.
Luchar contra lo que no interesa es una opción muy personal. Pero la lucha muchas veces provoca la contrarréplica, el uno frente al otro: la rueda de las malditas historias interminables.
La indiferencia es envolverse de la suficiente indignación para irse sin ruido, recuentos ni historia. Es el adiós de boca cerrada, aquella en la que, como dice el dicho popular, no entran moscas .
¡Y llegó la primavera!
Aunque existe una discusión acerca del verdadero inicio de la primavera - algunos científicos lo fijan el 21 de septiembre y otros el 23 - lo cierto es que ya entramos en la época de las flores, el calor, la vida al aire libre, el amor y, por supuesto, las alergias.
"La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido" (Antonio Machado) .
"Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera" (Pablo Neruda).
Estar "en la primavera" de la vida; cumplir "primaveras"; intentar liberarse de una dictadura en "la primavera de Praga". No hay duda: la primavera estará siempre asociada a sensaciones agradables, de alegría, renovación y belleza.
Estación favorita de poetas y románticos de todas las épocas, la primavera es el símbolo de la renovación de la vida. "La alegoría de la primavera", el famoso cuadro de Sandro Boticceli, nos muestra el renacer de la vida; el poema "Doña Primavera", de Gabriela Mistral, enumera las virtudes de la estación más querida.
Tras el invierno, llegan el calor, las flores, el canto de los pájaros, las jugosas frutas y la posibilidad de disfrutar al aire libre junto a toda la familia y los amigos.
Las noches se acortan, porque el Sol se va ocultando cada día más tarde, y comienzan a reverdecer los árboles, las plantas y los campos.
Pese a todo lo bello que trae consigo la primavera, no podemos negar que existen personas que no disfrutan tanto de esta hermosa estación.
Es que los alérgicos la ven feo durante estos meses. Se suenan y estornudan mucho en esta época, por la excesiva producción de polen, con el pasto, la maleza .....
Y claro, no es fácil apreciar los "milagros" de la naturaleza con los ojos irritados e hinchados, con secreciones nasales, con picazón en el paladar, congestión nasal y a estornudo limpio.
¿Pero cuándo comenzamos a disfrutar, o algunos a sufrir? Desde siempre ha existido una discusión entre los científicos y astrónomos acerca del momento exacto en que comienza la primavera. Algunos dicen que es el 21 de septiembre, y otros aseguran que es dos días más tarde.
Día = noche
Lo único cierto es que la primavera comienza en el hemisferio sur cuando se produce el equinoccio de otoño en el hemisferio norte, y finaliza el 20 de diciembre con el solsticio de verano, o de invierno en el hemisferio norte.
El Sol aparece exactamente por el este y se pone exactamente por el oeste.
¿Cómo se produce este fenómeno? En el mes de septiembre la luz del Sol se proyecta sobre la Tierra de forma uniforme, es decir, los rayos del Sol alumbran de igual modo tanto al hemisferio sur como al hemisferio norte.
Cuando esto sucede, se dice que la Tierra está en equinoccio; ese es el lugar de su órbita. Así, al empezar la primavera, la duración del día es igual a la de la noche.
En otras palabras, en el equinoccio los dos polos se encuentran a la misma distancia del Sol y los días tienen la misma duración que las noches.
"La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido" (Antonio Machado) .
"Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera" (Pablo Neruda).
Estar "en la primavera" de la vida; cumplir "primaveras"; intentar liberarse de una dictadura en "la primavera de Praga". No hay duda: la primavera estará siempre asociada a sensaciones agradables, de alegría, renovación y belleza.
Estación favorita de poetas y románticos de todas las épocas, la primavera es el símbolo de la renovación de la vida. "La alegoría de la primavera", el famoso cuadro de Sandro Boticceli, nos muestra el renacer de la vida; el poema "Doña Primavera", de Gabriela Mistral, enumera las virtudes de la estación más querida.
Tras el invierno, llegan el calor, las flores, el canto de los pájaros, las jugosas frutas y la posibilidad de disfrutar al aire libre junto a toda la familia y los amigos.
Las noches se acortan, porque el Sol se va ocultando cada día más tarde, y comienzan a reverdecer los árboles, las plantas y los campos.
Pese a todo lo bello que trae consigo la primavera, no podemos negar que existen personas que no disfrutan tanto de esta hermosa estación.
Es que los alérgicos la ven feo durante estos meses. Se suenan y estornudan mucho en esta época, por la excesiva producción de polen, con el pasto, la maleza .....
Y claro, no es fácil apreciar los "milagros" de la naturaleza con los ojos irritados e hinchados, con secreciones nasales, con picazón en el paladar, congestión nasal y a estornudo limpio.
¿Pero cuándo comenzamos a disfrutar, o algunos a sufrir? Desde siempre ha existido una discusión entre los científicos y astrónomos acerca del momento exacto en que comienza la primavera. Algunos dicen que es el 21 de septiembre, y otros aseguran que es dos días más tarde.
Día = noche
Lo único cierto es que la primavera comienza en el hemisferio sur cuando se produce el equinoccio de otoño en el hemisferio norte, y finaliza el 20 de diciembre con el solsticio de verano, o de invierno en el hemisferio norte.
El Sol aparece exactamente por el este y se pone exactamente por el oeste.
¿Cómo se produce este fenómeno? En el mes de septiembre la luz del Sol se proyecta sobre la Tierra de forma uniforme, es decir, los rayos del Sol alumbran de igual modo tanto al hemisferio sur como al hemisferio norte.
Cuando esto sucede, se dice que la Tierra está en equinoccio; ese es el lugar de su órbita. Así, al empezar la primavera, la duración del día es igual a la de la noche.
En otras palabras, en el equinoccio los dos polos se encuentran a la misma distancia del Sol y los días tienen la misma duración que las noches.
lunes, 20 de septiembre de 2010
La Indiferencia
Cuando encontramos que la filosofía ha abdicado su espíritu de creación y se ha hecho esclava de los hechos, cuando la política solo responde al poder establecido, la moral es la del esclavo que solo responde y acepta esta condición, cuando el arte es el culto a la mediocridad, cuando todo es duda y el sofisma la respuesta, cuando existe una profunda separación entre las conductas y las palabras, el pensamiento y la acción se contradicen y se enfrentan, en este caos la indiferencia se torna el centro del pensamiento, se alimenta de abstracciones que quieren justificar lo que no tiene justificación, es en este caos donde la indiferencia organiza la tranquilidad frente a la injusticia y el atropello.
La indiferencia nace cuando no hay creencias, cuando nada nos atrae y nada nos llama a asumir la defensa de lo que, alguna vez, encontramos justo y bueno. Existen distintos modos de indiferencia: se puede ser indiferente por convicción; o ser indiferente por pereza. El indiferente por convicción posee una idea, la que lo aísla de la realidad, que lo separa de los demás, que lo impulsa a no tomar ningún compromiso, que no se compromete con nadie y con nada, una idea que paraliza su hacer, que no le permite actuar, más si éste se opone o niega su ideal. Para el indiferente por convicción esa idea es la mejor, luego él ha preferido esa idea a otras, él ha escogido, ha elegido, entonces él ya no es realmente indiferente, ya ha dejado de serlo. Parece indiscutible, que en este caso de indiferencia, no se acepta otra idea que no sea aquella que lo ha llevado a preferir, y en la mayoría de los casos, aparentar una indiferencia, para no encontrarse con los demás, o porque la corriente social lo lleva a esto y prefiere no oponerse a ella. Por ello es muy importante determinar que lo motiva, y que es lo que ha preferido para ser indiferente.
Una bondad, pero falsa, a los otros se les acepta cualquier doctrina, así sea falsa o verdadera, niegue o acepte lo aceptado o negado por el indiferente, se es bondadoso con los otros, aceptándoles todo no discutiéndoles nada, pero sin comprometerse, solo comprometido con su indiferencia. Superioridad, sentirse superior a todos y a todo, todo lo que poseen los demás es inferior a lo que yo poseo, y con mayor razón mi pensamiento, es mejor ser indiferente a estar comprometido con algo, mi idea de indiferencia, por la que yo he optado, me permite más libertad me hace más libre, ¿Hay superioridad en someterse a todo régimen, en doblar la cerviz, abdicar el derecho...? El indiferente por pereza, confesar esta indiferencia es confesar una falta, la de no participar por flojera por comodidad y cansancio ¿De qué? La de no querer participar por falta de deseos incluido el de pensar y asumir una opción, esto solo es mala fe, ante esta indiferencia lo único que queda por hacer es tratar de sacarlo de su error, lo que es más fácil que con el indiferente por convicción. La indiferencia es una máscara del egoísmo que utiliza para ocultarse y no aparecer como tal.
Muchas veces la indiferencia nos lleva a no querer oponernos a la fatalidad y al crimen triunfante, en estas circunstancias nos abandonamos solo al sentir y la sensación se convierte en nuestra única creencia. "La sensación es lo más individual (entendido como la individualidad egoísta) y transitorio, lo más particular... La sensación sin la inteligencia, sin la razón es el abandonarse a la animalidad, y por lo tanto a la fatalidad de las cosas inanimadas, dejarse llevar por el engaño, los sentidos solos, sin la razón que es la que los educa, muchas veces nos engañan, los sentidos no entregan fundamentos de razón, solo sensaciones. Cuando la indiferencia es producto del miedo, de la cobardía, siempre tratamos de justificarnos, y los argumentos que nos damos que son los que nos permiten vivir en la indiferencia, por el hecho de justificar toda nuestra existencia, se convierten en una doctrina que traspasa todo nuestro pensamiento, pero tenemos que entender que no son nada más que un no querer reconocer el miedo o la cobardía para no luchar contra lo que nos oprime y nos impulsa a no participar.
Además tenemos que pensar que si no actuamos por miedo, esto lo ocasiona otro o algo que nos atemoriza, y en este caso ocurre que "se que soy yo y no otro, por la conciencia de mi propia voluntad. Si otra voluntad operase en mi, no seria yo, sino instrumento de otro, sería cosa de otro, que es lo que se llama esclavitud". Es por ello que no debemos darle autoridad a la indolencia ni justificar el cansancio, porque en algún momento de nuestra vida nos hemos decepcionado de lo que hacemos o de lo que queríamos hacer, esa misma decepción, si verdaderamente la sentimos, nos debe hacer pensar, que si la sentimos, es porque todavía nos queda algo en que creer, que aun creemos en nosotros mismos, que todavía creemos en el futuro y que algo podemos hacer por él. Tenemos que pensar que un ser vacío de todo deseo, de todo objetivo, que no tenga nada de nada que aportar, en una palabra un ser miserable, no puede sentir el dolor que siente un ser que ve que su indiferencia permite que otros hagan con todos lo que ellos quieren sin oposición.
A la falta de preferencia o interés, lo que está localizado en la punta del látigo del desprecio, se le llama indiferencia. Es lo que se experimenta en el grado cero de la emoción, es decir, cuando los sentimientos están más fríos que calientes. Los cínicos, que mienten con desfachatez, los arrogantes y los soberbios que estiman su sí mismo en demasía, son indiferentes porque están fuera del escenario, porque parece no importarles nada. No estar implicado afectivamente con algo es un arma poderosa para manipular a los otros, al miedo y al interior propio. La indiferencia es un lujo afectivo porque el indiferente no sufre con el sufrimiento de los demás. Y así como no sufre tampoco ríe, se sorprende, grita, llora o patalea. El indiferente no hace lo que todos los demás sí y por eso puede tachársele de aburrido o pedante.
Los indiferentes nunca faltan en todas partes porque la indiferencia flota en el ambiente. Es como el aire que uno respira. Mientras todos se preocupan demasiado por sí mismos nadie se preocupa por los otros. La indiferencia permite la pobreza, el abuso, la violencia y la frialdad, por algo las calles se han llenado de basura, mendigos, vagabundos, prostitutas, asaltantes y corruptos. Como permite el empobrecimiento del espíritu, termina por enfriar todo aquello que encuentra a su paso. Es la guerra fría a la que todos juegan quizá sin darse cuenta. Cuando se quiere ser frío, se opta por ser indiferente. Sin embargo, hay dos tipos de indiferencia, la real y la simulada, pero al igual que todas las emociones lleva una suerte de gestualidad que la deja fluir por todo el cuerpo, después de todo cuando uno se muestra indiferente lo hace completito y no por partes. Es decir, toda emoción siempre lleva dentro una suerte de actuación, una estilización individual que sólo le pertenece a quien la porta. Y esa estilización va a todas partes con sus portadores, es como una sombra que no se ve, pero que está pegada a los diferentes modos de ser de cada uno.
La indiferencia real, la que no se actúa, la que es más natural que artificial, no necesita de mucha estilización porque simplemente brota, como los suspiros o los recuerdos. La simulada, salta con cierta intención de hacer como si nada pasara, niega la vida porque hace como si en la vida no hubiera pasado nada. Es una suerte de venganza endulzada con la perversión de hacer sentir al otro que no se siente. Sin importar la forma en que se presente, al negar la vida, la indiferencia mata, tortura, aniquila, pero no a quien la porta sino a quienes se les aplica. Necesita de los demás para poder despreciarlos. Al ser un escudo protector para el gladiador que la posee, también puede servirle de lanza para herir a los demás. Por ello a los indiferentes se les trata de manera distinta porque no están en comunión con los otros. La indiferencia es un modo muy particular de negar la comunión de los demás con el desprecio. A los indiferentes se les permiten las caras largas y endurecidas. Parece que nada les divierte y una forma de incorporarlos a la comunidad a la cual niegan es tratarlos bien. Los indiferentes son los aguafiestas de las reuniones porque siempre tienden a negar lo bonito de la comunión y lo hacen pasar como algo trivial y superfluo. Sin importancia pues.
No obstante la indiferencia es casi una condición generalizada. En un mundo en el que todos se enamoran cada vez más de su sí mismo, la posibilidad de vivir juntos se desvanece porque en la indiferencia el otro desaparece, con todo y sus emociones. Y no vale nada. Pero como el otro desaparece, el indiferente también se desintegra porque al negar la sociedad a la que pertenece se niega a sí mismo y entonces no le queda nada más que un mundo idealizado o mistificado que lo aleja de la realidad en la que vive. Los indiferentes viven en un mundo que han creado para sí porque sólo importan ellos, nadie más. La indiferencia generalizada permite toda clase de abusos desde el incremento de los precios de la leche hasta la violencia sexual. Y a esta sociedad le hace falta implicarse más con su realidad para poder modificarla. Desgraciadamente la indiferencia ha triunfado en un mundo en donde la falta de compromiso es una posición más cómoda. Mientras el compromiso exige responsabilidad, la indiferencia sólo requiere del cinismo, la soberbia y la arrogancia para olvidarse que el mundo está roto o a punto de romperse.
La indiferencia nace cuando no hay creencias, cuando nada nos atrae y nada nos llama a asumir la defensa de lo que, alguna vez, encontramos justo y bueno. Existen distintos modos de indiferencia: se puede ser indiferente por convicción; o ser indiferente por pereza. El indiferente por convicción posee una idea, la que lo aísla de la realidad, que lo separa de los demás, que lo impulsa a no tomar ningún compromiso, que no se compromete con nadie y con nada, una idea que paraliza su hacer, que no le permite actuar, más si éste se opone o niega su ideal. Para el indiferente por convicción esa idea es la mejor, luego él ha preferido esa idea a otras, él ha escogido, ha elegido, entonces él ya no es realmente indiferente, ya ha dejado de serlo. Parece indiscutible, que en este caso de indiferencia, no se acepta otra idea que no sea aquella que lo ha llevado a preferir, y en la mayoría de los casos, aparentar una indiferencia, para no encontrarse con los demás, o porque la corriente social lo lleva a esto y prefiere no oponerse a ella. Por ello es muy importante determinar que lo motiva, y que es lo que ha preferido para ser indiferente.
Una bondad, pero falsa, a los otros se les acepta cualquier doctrina, así sea falsa o verdadera, niegue o acepte lo aceptado o negado por el indiferente, se es bondadoso con los otros, aceptándoles todo no discutiéndoles nada, pero sin comprometerse, solo comprometido con su indiferencia. Superioridad, sentirse superior a todos y a todo, todo lo que poseen los demás es inferior a lo que yo poseo, y con mayor razón mi pensamiento, es mejor ser indiferente a estar comprometido con algo, mi idea de indiferencia, por la que yo he optado, me permite más libertad me hace más libre, ¿Hay superioridad en someterse a todo régimen, en doblar la cerviz, abdicar el derecho...? El indiferente por pereza, confesar esta indiferencia es confesar una falta, la de no participar por flojera por comodidad y cansancio ¿De qué? La de no querer participar por falta de deseos incluido el de pensar y asumir una opción, esto solo es mala fe, ante esta indiferencia lo único que queda por hacer es tratar de sacarlo de su error, lo que es más fácil que con el indiferente por convicción. La indiferencia es una máscara del egoísmo que utiliza para ocultarse y no aparecer como tal.
Muchas veces la indiferencia nos lleva a no querer oponernos a la fatalidad y al crimen triunfante, en estas circunstancias nos abandonamos solo al sentir y la sensación se convierte en nuestra única creencia. "La sensación es lo más individual (entendido como la individualidad egoísta) y transitorio, lo más particular... La sensación sin la inteligencia, sin la razón es el abandonarse a la animalidad, y por lo tanto a la fatalidad de las cosas inanimadas, dejarse llevar por el engaño, los sentidos solos, sin la razón que es la que los educa, muchas veces nos engañan, los sentidos no entregan fundamentos de razón, solo sensaciones. Cuando la indiferencia es producto del miedo, de la cobardía, siempre tratamos de justificarnos, y los argumentos que nos damos que son los que nos permiten vivir en la indiferencia, por el hecho de justificar toda nuestra existencia, se convierten en una doctrina que traspasa todo nuestro pensamiento, pero tenemos que entender que no son nada más que un no querer reconocer el miedo o la cobardía para no luchar contra lo que nos oprime y nos impulsa a no participar.
Además tenemos que pensar que si no actuamos por miedo, esto lo ocasiona otro o algo que nos atemoriza, y en este caso ocurre que "se que soy yo y no otro, por la conciencia de mi propia voluntad. Si otra voluntad operase en mi, no seria yo, sino instrumento de otro, sería cosa de otro, que es lo que se llama esclavitud". Es por ello que no debemos darle autoridad a la indolencia ni justificar el cansancio, porque en algún momento de nuestra vida nos hemos decepcionado de lo que hacemos o de lo que queríamos hacer, esa misma decepción, si verdaderamente la sentimos, nos debe hacer pensar, que si la sentimos, es porque todavía nos queda algo en que creer, que aun creemos en nosotros mismos, que todavía creemos en el futuro y que algo podemos hacer por él. Tenemos que pensar que un ser vacío de todo deseo, de todo objetivo, que no tenga nada de nada que aportar, en una palabra un ser miserable, no puede sentir el dolor que siente un ser que ve que su indiferencia permite que otros hagan con todos lo que ellos quieren sin oposición.
A la falta de preferencia o interés, lo que está localizado en la punta del látigo del desprecio, se le llama indiferencia. Es lo que se experimenta en el grado cero de la emoción, es decir, cuando los sentimientos están más fríos que calientes. Los cínicos, que mienten con desfachatez, los arrogantes y los soberbios que estiman su sí mismo en demasía, son indiferentes porque están fuera del escenario, porque parece no importarles nada. No estar implicado afectivamente con algo es un arma poderosa para manipular a los otros, al miedo y al interior propio. La indiferencia es un lujo afectivo porque el indiferente no sufre con el sufrimiento de los demás. Y así como no sufre tampoco ríe, se sorprende, grita, llora o patalea. El indiferente no hace lo que todos los demás sí y por eso puede tachársele de aburrido o pedante.
Los indiferentes nunca faltan en todas partes porque la indiferencia flota en el ambiente. Es como el aire que uno respira. Mientras todos se preocupan demasiado por sí mismos nadie se preocupa por los otros. La indiferencia permite la pobreza, el abuso, la violencia y la frialdad, por algo las calles se han llenado de basura, mendigos, vagabundos, prostitutas, asaltantes y corruptos. Como permite el empobrecimiento del espíritu, termina por enfriar todo aquello que encuentra a su paso. Es la guerra fría a la que todos juegan quizá sin darse cuenta. Cuando se quiere ser frío, se opta por ser indiferente. Sin embargo, hay dos tipos de indiferencia, la real y la simulada, pero al igual que todas las emociones lleva una suerte de gestualidad que la deja fluir por todo el cuerpo, después de todo cuando uno se muestra indiferente lo hace completito y no por partes. Es decir, toda emoción siempre lleva dentro una suerte de actuación, una estilización individual que sólo le pertenece a quien la porta. Y esa estilización va a todas partes con sus portadores, es como una sombra que no se ve, pero que está pegada a los diferentes modos de ser de cada uno.
La indiferencia real, la que no se actúa, la que es más natural que artificial, no necesita de mucha estilización porque simplemente brota, como los suspiros o los recuerdos. La simulada, salta con cierta intención de hacer como si nada pasara, niega la vida porque hace como si en la vida no hubiera pasado nada. Es una suerte de venganza endulzada con la perversión de hacer sentir al otro que no se siente. Sin importar la forma en que se presente, al negar la vida, la indiferencia mata, tortura, aniquila, pero no a quien la porta sino a quienes se les aplica. Necesita de los demás para poder despreciarlos. Al ser un escudo protector para el gladiador que la posee, también puede servirle de lanza para herir a los demás. Por ello a los indiferentes se les trata de manera distinta porque no están en comunión con los otros. La indiferencia es un modo muy particular de negar la comunión de los demás con el desprecio. A los indiferentes se les permiten las caras largas y endurecidas. Parece que nada les divierte y una forma de incorporarlos a la comunidad a la cual niegan es tratarlos bien. Los indiferentes son los aguafiestas de las reuniones porque siempre tienden a negar lo bonito de la comunión y lo hacen pasar como algo trivial y superfluo. Sin importancia pues.
No obstante la indiferencia es casi una condición generalizada. En un mundo en el que todos se enamoran cada vez más de su sí mismo, la posibilidad de vivir juntos se desvanece porque en la indiferencia el otro desaparece, con todo y sus emociones. Y no vale nada. Pero como el otro desaparece, el indiferente también se desintegra porque al negar la sociedad a la que pertenece se niega a sí mismo y entonces no le queda nada más que un mundo idealizado o mistificado que lo aleja de la realidad en la que vive. Los indiferentes viven en un mundo que han creado para sí porque sólo importan ellos, nadie más. La indiferencia generalizada permite toda clase de abusos desde el incremento de los precios de la leche hasta la violencia sexual. Y a esta sociedad le hace falta implicarse más con su realidad para poder modificarla. Desgraciadamente la indiferencia ha triunfado en un mundo en donde la falta de compromiso es una posición más cómoda. Mientras el compromiso exige responsabilidad, la indiferencia sólo requiere del cinismo, la soberbia y la arrogancia para olvidarse que el mundo está roto o a punto de romperse.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Subastas Judiciales.....Dedicado a la fiscala.......salud ...salud
- Buenos días señorita, ¿Sería usted tan amable de decirme quien maneja la subasta 815/07?
- Yo misma me encargo de ese procedimiento, ¿Qué desea?
- Ah qué bueno, mucho gusto en conocerle. Yo soy Wilson José Pacheco, para servirla.
- Dígame. ¿Qué desea?
- Pues verá usted, señorita. La semana que viene el banco va a subastar mi casa porque ustedes me la embargaron porque no pude pagar la mensualidad y yo vengo...
- Eh, eh, quieto, pare el carro que se está usted equivocando. El banco no va a subastar nada. El único que subasta es su señoría el juez y este juzgado no embarga nada porque aquí solo tramitamos procedimientos hipotecarios.
- Pues eso, que me han embargado y mi casa se va a subastar.
- Que le digo que en este juzgado solo se tramitan procedimientos hipotecarios y que no se ordenan embargos. Ahora bien, si lo que quiere decir es que ha dejado de pagar la hipoteca, entonces sí. Espere, un momentito (se pone a ojear el expediente). Estoy viendo que usted y su esposa son los demandados y que la subasta está señalada para la semana que viene. Le quiero advertir, para que no pierda su tiempo ni me lo haga perder a mí, que la subasta ya está señalada y que no se puede suspend...
- No, no, señorita, si yo no quiero suspenderla. A lo que vengo es a traerles las llaves de la casa porque nos volvemos en unos días a mi pueblo... y no queremos líos (Wilson dice esto sacando un manojo de llaves y depositándolo sobre la mesa)
- Un momentito que no lo entiendo, ¿estas son las llaves de su casa?
- Claro señorita, nosotros ya no las necesitamos y no queremos que nos declaren rebeldes como me han contado. Por eso le doy las llaves.
- ¿Pero qué rebeldes ni qué niño muerto? Eso es otra cosa que no tiene nada que ver con las llaves. Ustedes no tienen por qué irse de la propiedad y mucho menos traerme las llaves aquí que no me dan más que trabajo. Váyase a su casa y espere la comunicación del juzgado. Mientras tanto disfruten de la casa.
- A la orden señorita, pero nosotros ya no estamos en la casa, que está vacía porque nos hemos mudado al piso de arriba, donde la prima de mi esposa. No necesitamos las llaves más.
- Pero es que no es aceptable que usted se presente aquí y me entregue las llaves de su casa como si esto fuera una inmobiliaria. ¿Has visto Liz (dirigiéndose a su compañera de enfrente), que esta gente no da más que problemas y no hacen sino traerme trabajo?
- Contesta Liz : Desde luego es una vergüenza, y encima ahora que nos han bajado el sueldo y que hace este calor. No te va a quedar más remedio que hacerle una comparecencia como que te entrega las llaves voluntariamente. Consuélate pensando que esto te ahorra trabajo en el futuro.
- Sí, pero el futuro está por venir y ahora mismo en lo que estaba pensando es en las empanadas ........
- Bueno, bueno. Tú haz lo que quieras. Desde luego, vaya pesadez de trabajo. Estoy deseandito que llegue vacaciones.......
- Wilson, recoja sus llaves y váyase tranquilo a su casa, que desde la subasta aún pasará mucho tiempo hasta que le tenga que dar la Posesión al adjudicatario y luego aún podrá pedirnos un mes de gracia y lo usual es que nadie se vaya hasta que el juzgado se lo diga.
- A la orden señorita, pero es que el abogado de la asociación le dijo a mi esposa que como nosotros ya nos vamos a mi pueblo.., que lo mejor sería traer las llaves al juzgado. Y además, le voy a ser sincero, que me parece lo más correcto y lo más honrado porque si yo no le pago al banco y éste se queda con mi casa, no me parece ni medio serio que tengan que venir a echarme como a un cualquiera, y que mis hijos se queden llorando en la calle, que todos tenemos nuestra dignidad. Somos pobres porque nos hemos quedado sin trabajo los dos , pero los dos somos muy honrados y lo que es justo es justo. La casa ya no va a ser más nuestra y lo mejor es que el nuevo propietario tenga su llave sin necesidad de pelearla. Así que si otros con menos vergüenza quieren pelear por una casa que ya no es suya, allá ellos, pero nosotros ya nos hemos mudado donde la prima de mi mujer y enseguida nos volvemos a mi pueblo...
- (elevando el tono de voz, ya la oyen todos los empleados del juzgado y los visitantes también) ¿Pero se puede ser más pesado? Que le estoy diciendo que esto no es una inmobiliaria y que se vaya de aquí y se lleve sus llaves.
- Pero es que, ¿qué hago con ellas?, ¿a quién se las doy? Yo me voy a mi pueblo....
- Pues déselas al portero o a cualquier vecino, pero aquí no las deja.
- A la orden señorita, siempre a la orden.
- Yo misma me encargo de ese procedimiento, ¿Qué desea?
- Ah qué bueno, mucho gusto en conocerle. Yo soy Wilson José Pacheco, para servirla.
- Dígame. ¿Qué desea?
- Pues verá usted, señorita. La semana que viene el banco va a subastar mi casa porque ustedes me la embargaron porque no pude pagar la mensualidad y yo vengo...
- Eh, eh, quieto, pare el carro que se está usted equivocando. El banco no va a subastar nada. El único que subasta es su señoría el juez y este juzgado no embarga nada porque aquí solo tramitamos procedimientos hipotecarios.
- Pues eso, que me han embargado y mi casa se va a subastar.
- Que le digo que en este juzgado solo se tramitan procedimientos hipotecarios y que no se ordenan embargos. Ahora bien, si lo que quiere decir es que ha dejado de pagar la hipoteca, entonces sí. Espere, un momentito (se pone a ojear el expediente). Estoy viendo que usted y su esposa son los demandados y que la subasta está señalada para la semana que viene. Le quiero advertir, para que no pierda su tiempo ni me lo haga perder a mí, que la subasta ya está señalada y que no se puede suspend...
- No, no, señorita, si yo no quiero suspenderla. A lo que vengo es a traerles las llaves de la casa porque nos volvemos en unos días a mi pueblo... y no queremos líos (Wilson dice esto sacando un manojo de llaves y depositándolo sobre la mesa)
- Un momentito que no lo entiendo, ¿estas son las llaves de su casa?
- Claro señorita, nosotros ya no las necesitamos y no queremos que nos declaren rebeldes como me han contado. Por eso le doy las llaves.
- ¿Pero qué rebeldes ni qué niño muerto? Eso es otra cosa que no tiene nada que ver con las llaves. Ustedes no tienen por qué irse de la propiedad y mucho menos traerme las llaves aquí que no me dan más que trabajo. Váyase a su casa y espere la comunicación del juzgado. Mientras tanto disfruten de la casa.
- A la orden señorita, pero nosotros ya no estamos en la casa, que está vacía porque nos hemos mudado al piso de arriba, donde la prima de mi esposa. No necesitamos las llaves más.
- Pero es que no es aceptable que usted se presente aquí y me entregue las llaves de su casa como si esto fuera una inmobiliaria. ¿Has visto Liz (dirigiéndose a su compañera de enfrente), que esta gente no da más que problemas y no hacen sino traerme trabajo?
- Contesta Liz : Desde luego es una vergüenza, y encima ahora que nos han bajado el sueldo y que hace este calor. No te va a quedar más remedio que hacerle una comparecencia como que te entrega las llaves voluntariamente. Consuélate pensando que esto te ahorra trabajo en el futuro.
- Sí, pero el futuro está por venir y ahora mismo en lo que estaba pensando es en las empanadas ........
- Bueno, bueno. Tú haz lo que quieras. Desde luego, vaya pesadez de trabajo. Estoy deseandito que llegue vacaciones.......
- Wilson, recoja sus llaves y váyase tranquilo a su casa, que desde la subasta aún pasará mucho tiempo hasta que le tenga que dar la Posesión al adjudicatario y luego aún podrá pedirnos un mes de gracia y lo usual es que nadie se vaya hasta que el juzgado se lo diga.
- A la orden señorita, pero es que el abogado de la asociación le dijo a mi esposa que como nosotros ya nos vamos a mi pueblo.., que lo mejor sería traer las llaves al juzgado. Y además, le voy a ser sincero, que me parece lo más correcto y lo más honrado porque si yo no le pago al banco y éste se queda con mi casa, no me parece ni medio serio que tengan que venir a echarme como a un cualquiera, y que mis hijos se queden llorando en la calle, que todos tenemos nuestra dignidad. Somos pobres porque nos hemos quedado sin trabajo los dos , pero los dos somos muy honrados y lo que es justo es justo. La casa ya no va a ser más nuestra y lo mejor es que el nuevo propietario tenga su llave sin necesidad de pelearla. Así que si otros con menos vergüenza quieren pelear por una casa que ya no es suya, allá ellos, pero nosotros ya nos hemos mudado donde la prima de mi mujer y enseguida nos volvemos a mi pueblo...
- (elevando el tono de voz, ya la oyen todos los empleados del juzgado y los visitantes también) ¿Pero se puede ser más pesado? Que le estoy diciendo que esto no es una inmobiliaria y que se vaya de aquí y se lleve sus llaves.
- Pero es que, ¿qué hago con ellas?, ¿a quién se las doy? Yo me voy a mi pueblo....
- Pues déselas al portero o a cualquier vecino, pero aquí no las deja.
- A la orden señorita, siempre a la orden.
Mente y Corazon
Es posible que con el paso del tiempo y la edad se consiga la madurez y el conocimiento. Se dice que la mente reflexiona y el corazón se deja llevar por los impulsos y casi nunca acierta.¿Por qué al pedir un consejo nos recomiendan que nos dejemos influenciar por lo que dicte el corazón? ¿Es recomendable, acertado? ¿Por qué no escuchamos a la mente y también al corazón a la vez? Esta fusión ideal sería lo más acertado pero no es posible conseguir la fusión de ambos. De ser así muchas parejas amorosas no se romperían al estar en equilibrio mente y corazón, o lo que es lo mismo, pensar y sentir. Los seres humanos son distintos y los que piensan más que sienten por lo que la elección de unos y otros depende del grado afinidad. Caracteres idénticos se repelen y opuestos se atraen. No es disparatado ya que se acepta científicamente pero al tratarse de personas...si no existe comunicación mi diálogo no hay la complicidad necesaria. Con negarse uno de los dos a reconocer lo que puede herir o dañar la sensibilidad del otro la pareja se destruye.¿Tan difícil es aceptar debilidades, costumbres, defectos y limitaciones personales? A través de la palabra, del gesto y el diálogo se realiza el milagro de la comprensión que ayuda a solucionar las desavenencias de relación. Se ha omitido o es un gran desconocido vocablo escuchar. Oímos hasta la saciedad pero sin prestar atención al contenido de lo que nos comentan o nos quieren expresar.¡Cuánto bien se obtendría si en lugar de oír escuchásemos lo mejor de los interlocutores! El pensamiento y el corazón al unísono y la sociedad avanzaría positivamente si los que la gobiernan escuchasen un poco más las propuestas que les hace la gente de la calle o la información más elemental sobre las necesidades cotidianas y además la fórmula de resolver si en lugar de oír se limitaran a escuchar más con la mente y el corazón al unísono
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